About Max

Max31 En 115 palabras…

Como todos los niños que sueñan con viajar, Maximiliano descubrió pronto el sabor agridulce de la melancolía, el deseo de capturar instantes, de atesorarlos. Y como todos los fotógrafos, encontró irresistible el seductor llamado de la luz. Fue su abuelo quien le presentó la posibilidad de encerrarlas, a la onda y a la partícula, y crear imagen y fantasía, escurriéndose entre la realidad. Veterinario casi por casualidad, encuentra que es mejor andar la naturaleza, y así, andando, viene encontrando la forma de arrancar secretos de las miradas, de conversar con las marcas de los rostros y de dibujar, con un lápiz de luz, las alegrías de las olas jugando con las ballenas, en el mar.

2 En un poco mas y en diálogos…

Desde pequeño soñé con salir, salir del país salir de mi mismo, de mi familia, de mis amigos, de mis sueños…

Las ganas de salir, de huir de uno mismo y del colectivo, de ese que, al fin, nos da sostén y forma, se alivian cuando nos volvemos custodios de la fuente de la imagen, de la luz. Los fotógrafos son al fin, vagabundos que sueñan con volver mientras perseveran en el frenesí de correr los mundos, de seducirlos, Maximiliano es un niño que observa y que no sabe el enojo con el que ya carga, la libertad por la que va a arrebatar, la luz que ya lo ilumina, la generosidad en que se ha convertido.

…y regreso y ya, es solo regresar y los sueños han vuelto y me gustaría atesorar sensaciones, pequeñas casi desapercibidas.

Y entonces, es casi como magia, no…no es magia, es mucho mejor, es el cuento que cuentan las abuelas, al fin, andar no es otra cosa que el camino para volver, la melancolía es el susurro de lo conocido, de lo entrañable, la inexorable conclusión de que todos, tarde o temprano volvemos a casa, y mientras Maximiliano vuelve, retrata los rostros cansados de cansarse, felices de la felicidad, sorprendidos de lo sencillo y de lo humano, los rostros que son su rostro y el mío, la cadencia de la naturaleza, lo rotundo de la vida, el juego caprichoso de la evolución el running to stand still…

Cuando viajo hay algo que se mueve dentro de mi hay algo que esta suelto y da con todo dentro mío…

El que viaja y se estremece merece tener las llaves del refugio de la luz, el rostro del enojo, el rostro de la esperanza, la diferencia de nacer en distintos paralelos, lo terriblemente iguales que somos, lo abrumador de nuestras diferencias, moverse en la distancia cualquiera lo hace, sintonizar latido y pensamiento para abrir el canal de la aceptación, de la paz, de la comunicación, hacer el milagro de sentarse y conversar, es sólo privilegio del que viaja como si amara, sin miedo y, con generosidad.

Has visto como las olas se abalanzan contra la tierra? Y entonces pienso vaya que valor y no es costumbre, es decir, no siempre las he visto tan alegres como ayer, la luz estaba calida, mi luz.

La naturaleza baila una danza única, no se le puede sólo admirar, es en esencia, compartida…por eso hay que saborearla y solo entonces como en una chispa te regala una de sus mejores sonrisas, Maximiliano ha sabido ser paciente, ha seducido la retina de lo inmenso, ha sabido bailar la danza con ella, con la madre, por eso ella le ha ofrecido un lugar en la fiesta de sus hijos, por eso ha sido convidado a presenciar en plenitud las sales, las hojas, las piedras, los ojos y al fin la manifestación pura del alma que devora la materia y la hace suya.

…entre las risas tensas de que ya no hay nada de que reír, pero tampoco hay nada de que llorar, si al fin mañana estarás llorando lo reído, como quien desanda camino vamos volviéndonos mas niños y creemos que mañana será mejor y nos contentamos con dulces.

La esperanza es como el dulce que no se acaba, es como si las abuelas no soltaran tu mano, como si fueras la princesa de tu padre y como si la vida fuera una galleta de miel, como si la solidaridad fuera patria y como si el hombre no oprimiera al hombre…así, la posibilidad se abre solo con esperanza, existe y nace de ella, vive en los rostros viejos, tan viejos de tanta juventud acumulada.

…y ahora que está de moda ser de ninguna parte, ya quiero ir de regreso al colegio donde en las mañanas me dejaba el señor del bus, el mismo de la cabeza formidable y nariz de porcino…

Una puede andar y andar las imágenes capturadas por Maximiliano y es casi fácil, ver, abrazar, amar al niño que esta detrás con grandes ojos, negros ojos, mis ojos, ojos míos, ojos jugando con el ayer y ojos construyendo el mañana.

…era una especie de desvanecimiento de todo, todo caía en gotas, pero ni siquiera caía, pues no era una cosa de gravedad era solo un desaparecer no como invisibilizarse sino mas bien como fusionarse perder la capacidad de ser otro distinto.

¿Qué es la captura de imágenes si no el sutil entendimiento de la cadencia de la materia y de la vida pura y simple? ¿La levedad de la gravedad ante las miserias humanas y la explosión de dos convirtiéndose en uno?

Piensa en un lugar a amado, que no este fuera ni dentro de ti, donde se encuentra si no es en la retina que vio los volcanes asolar la tierra, las culturas levantar y caer sus palacios y ciudades, los largos viajes de una vida en el caminar de la selva…

Sueña la utopía, y mientras la sueñas retrátala y busca que quede fija en la esquina del corazón donde el tiempo no pasa, donde es posible abrir un tiempo en el tiempo, donde la sincronía y la puntualidad no importan, donde la luz brilla sin parar, donde la exposición no altera la nitidez, donde al fin nacimos y morimos dos, como uno…

Elige un día y viviremos en el eternamente.

Textos de Liliana Gutiérrez y Maximiliano Bello
Fotografía de Marcelo Flores

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